El poder del discurso materno, y mis tías.

Freya
4 min readJul 25, 2022

Casi siempre que inicio una historia me valgo de la fantasía que me ayuda a crear un paralelismo, un paralelismo entro yo y algo que represente lo que siento.

Personajes y escenarios se adueñan mejor de mis emociones, y transmutarlas quizás es la mejor manera de sacarlas de encima mío. Es como cuando le echas la culpa a otro de tus propias acciones. Hablar en tercera persona en un relato adolece nuestros propios pesares y los extirpa de nuestro vientre y alma.

Redacto estas líneas entonces, y sin elegir terceros porque aun no tengo orden ni paz para que la ficción tome lugar.

Creo que estas líneas solo relatarán lo que mi voz no se atreve a alzar.

A veces quiero desaparecer de su entorno, no creo en las buenas voluntades ni en el genuino cariño de lo familiar. No creo en el amor materno y eso es bastante duro de llevar.

No estoy segura que me conozcan y por lejos, no siento que me puedan amar.

No elijo estas palabras yo, ellas se invocan desde mi lugar donde las heridas volvieron a sangrar.

Hace tiempo, sin querer y queriendo, o sin querer queriendo, queriendo y sin querer, me encontré de papel al pasado. Quiero decir de cara al pasado frente a un papel. Me encontré con lo cierto que las ciencias exactas avalan y pactan. Me encontré con lo cierto de lo que la matemática hace indefectible.

Me encontré rememorando frases que cobraban sentido y me daba la razón de lo que mi percepción creía.

Elijo escribir esto porque no me parece justo (sumado a lo que no lo fue tampoco) que mi mente repita incansablemente lo que no puedo decir. Que me quedé en conversaciones vacías de dolor conmigo misma, sin encontrar respuesta y que luego la ira me consuma sola en el ínterin de una comida o un baño.

No se si quiero dar un monologo o si quiero respuestas. Por este momento por este medio elijo el monologo. Porque quiero darle valor a lo que yo tenga para decir, o escribir. Así que las preguntas son retoricas pero si las leen y creen poder responderlas adelante. Sabemos que tienen mi número de teléfono.

Hace un tiempo, encontré la orden del juez de menores que dictaminaba que no se podía vender el campo acaso que sea a cierto valor alcanzado. Nunca respetaron ese valor, no lo respetaron y es un delito. No lo respetaron, y no me respetaron. No respetaron lo que mi madre tenía para mí.

No respetaron la libertad y responsabilidad que al llegar a la adultez eso hubiera significado.

Creo que el egoísmo y la codicia personal de cada familia paso por el arriba del futuro y deseos de menores de edad. De menores sin padres que tan irremplazables son.

Son irremplazable porque por lejos no estoy en el plan ni en patrimonio de ustedes. Por que para eso, tenía a mi mamá.

La frase tan escuchada, después de “invertí”, es que “perdieron con la venta del campo para después ganar”. Y eso solo significa una sola cosa, y es que se vendió a un tercio del valor que un juez autorizó. Eso solo significa que la prisa personal pero no la urgencia hizo pasible todo a su paso.

La interpretación cruda de ese hecho, con poca visión y seguramente que me faltará saber mucho al respecto no escapa de cualquier modo de algo cierto. Aquello es un delito. Y para la ley y las matemáticas, no creo que existan dobles interpretaciones.

Quisiera saber porque no se cumplieron tantas disposiciones básicas de rendición. Tales como atestiguarlo. Pero no podían porque desde el vamos, ya estaban en un delito.

Quisiera ya que perdí mis derechos y me he despojado de todo. Me he despojado de todo porque siento esto como una clara expresión de desamor y carencia de benevolencia. Quisiera al menos que sepan que lo sé y que me siento como un campo cuando lo desertifican. Seco y sin cualidades para recuperarse por si mismo.

No quiero que haya malos entendidos, pero este esfuerzo de lograr y valerme sola, a veces no lo siento justo. No lo siento justo cuando los he visto sin cuidado sobre mí y me preguntó porque al menos no me dejaron las herramientas que mi mamá tenía para mí.

Quiero que validen el derecho de que tengo derechos. Quisiera que lo enuncien. Que tengo derecho sobre lo perdido y que yo no estoy en lo equivocado. Y que no es igual de justo que quieran pagarlo de otra manera. Con culpas.

Duele vieron. Duele porque yo entiendo su sufrimiento de ahora y de antes. Siempre lo entendí y trate de reclamar lo menos posible sobre ello. Pero la realidad, es que a mi no se murieron dos perros y me engañaron con que estaban en un campo.

Eran mis padres. Y con todas las carencias que ello generó. Quería al menos, contar con lo básico.

Con lo justo.

Encima, con el rezago de no saber cuanto hay de amor y cuanto de culpa entre nosotros. Por que las leyes me avalan pero mi corazón no aguantaría el desaliento una vez más.

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Freya

Jugando a ser escritora porque no me quiero hacer cargo del titulo