Persona

Freya
4 min readApr 30, 2022

Tengo exactamente dos horas para terminar este relato y hablar sobre mi identidad que es algo que me pregunto hace tiempo.

Mientras estoy acá en la sala de espera de recursos humanos pensado sin orden en mi cabeza trato de ser fiel a mi misma. Recorrí un poco sobre la línea de tiempo para escribir esta carta de intención de porque estoy acá o qué es lo que realmente estoy haciendo.

Hoy existo, el futuro es incierto y ayer existí entonces creo que puedo juzgarme en el pasado para saber quién soy, o mejor dicho quién fui.

Si tengo que pensar que me divierte me remonto a cuando tenía 4 años y era el día de la madre. Planeábamos grabaciones caseras a escondidas para que sea sorpresa con saludos y bailes míos con música de canciones de Shakira o algún cantante del 2000 de moda, como Juanes.

Llegado el día conectábamos la videocasetera a la televisión y poníamos estas cintas caseras bailando y hablando a mamá. Hablándole de amor.

Me hace pensar que entre Shakira de chica, el jazz y la salsa probablemente sea un poco bailarina. Pero bailar es algo que cualquiera puede hacer. Y entre hacer y ser, la diferencia vaga del verbo me cambia el significado sobre mí y ahora pienso que quizás siempre fui divertida o sensible a escuchar buena música.

Como antecedente, tengo asma y claro que de chica jugué como todos a meterme en la pileta y aguantar la respiración.

Aguantar tanto la respiración con la espalda en la superficie y la mano en la nariz inmóvil, mientras, mi abuelo me llamaba de la orilla fingiendo que se asustaba.

Me da un poco de ternura pensar en mi ingenuidad de creerlo asustado por estar ahogandome.

A veces soy un poco ingenua, no creo que sea por mi abuelo. De lo que sí estoy segura, que ser asmática y abrumarme hasta la asfixia de responsabilidades probablemente eso si sea muy mío. Porque sumergirte en el agua calma y nadar un rato es relajante pero cuando la piel se arruga y los muslos se cansan, todos necesitamos salir un rato a la superficie.

Cerca de los 5 años me mudé a una casita de campo. Para mí, probablemente un palacio.

Mi casa se limpiaba y se ponía en órbita cuando encontramos en el comedor una araña. Con mi papá la tomamos con las manos, realmente solo fueron las suyas, y la llevamos a la maceta de la galería. La dejamos preservando su vida para que se reconforte en su nuevo hogar — la maceta — y mi papá dijo algo así como que ella no tenía que estar dentro de casa y no tenía la culpa de estar en nuestro comedor por eso había que sin matarla llevarla a una planta.-

Me hizo creer que tenemos que cuidar de todos, porque siempre pertenecemos a un lugar.

Ser y somos siempre en un espacio. Aunque este acá sin saber mucho cual es el mío.

Cuando visitaba a mi abuela a los 8 o 9 años no teníamos cable y eso me hizo jugar bastante al ajedrez. Jugábamos con mi hermano por eternas horas. Esperaba que él se decida por mover el caballo o el alfil como si fuéramos jugadores profesionales.

Me hacía ser pasible del tiempo porque debía esperarlo. Parecido a ser paciente.

Pero además de paciente me hizo observadora de pensar qué piensan los demás, qué van hacer y qué piensan que haré yo. Por eso me toma tanto tiempo tomar decisiones y me cuesta, sobre todo si no puedo predecirlas como los movimientos que las fichas de ajedrez tienen.

Conocer y saber el cuadro completo es casi una necesidad innata. Quizás miedosa o insegura sean buenas características para esta parte del texto aunque no para una carta de intención.

Cuando tenía 10 o 11 años leía varios libros de niños obedientes de camino a la escuela, algunas rimas, otros poemas y también mis preferidas historias de chicos huérfanos.

Creo que leer como ver Cris Morena me dejo parada en la fantasía. Por eso a veces puedo despegar del suelo y aunque me haya convertido en ingeniera aporto mi cuota de una visión un poco más allá. Poco convencional y forzando la realidad, pero siempre verdadero.

Algo entre los 5 y los 9 años retardó en mencionar o recordar y debe ser porque quizás anhelo quedarme allá. En los cinco años digo.

Para los 13 jugaba al vóley y la verdad que no me iba bien. El banco de suplentes y las planillas que completan los terceros árbitros me deseaban más que la cancha.

Aprendí a querer a mis compañeras y que ganen porque yo también estaba ahí llevando el juego en un papel y sintiéndolo como ellas.

Me retracto, tenía mucho sentido de la amistad. No me iba tampoco tan mal jugando en el vóley.

A los 15 me enamoré por primera vez, y que me miren y que lo haya mirado a ese chico, probablemente me dio la primera chispa de amor que dos años después me terminó quemando.

Comprobé que era ingenua.

Pero no podemos saber si fue culpa de mi abuelo y nuestro chiste interno.

Para los 19 estaba más atenta y sentir amor así como definirlo para definirme-nos, era algo parecido a ser atentos y responsables.

Atentos como tenés que estar mirando un partido de vóley si sos arbitro, benevolente si no jugas pero queres que ganen y honesto, para que sin importar el resultado sepas qué diste lo mejor y tuvo que ser de esa manera.

A los 21 en la universidad quise estudiar, estudié y trabajé, participé en fiestas y voluntariados, viajé para experimentar y volví para poder regresar a mi casa de nuevo.

Quise regresar porque tantos verbos en una oración reflejan la exigencia que le ponía al tiempo. Y para dejar de ahogarme necesitaba volver a levantar la cabeza del agua de la pileta.

No sé cuantos recuerdos son yo, cuantos junté en algún relato y cuantos más juntaré cuando me suene el despertador mañana. Pero relatando esto, me hace pensar cuantos recuerdos seremos, y ser suena bastante parecido a persona.

Nicolas Meli Juana

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Freya

Jugando a ser escritora porque no me quiero hacer cargo del titulo