Una carta para mi hermano

Freya
3 min readJun 27, 2022

Creo que esta distancia que existe ahora es distinta a las distancias que nos hemos tomado.

Esta distancia tiene un tinte amargo y un poco pesado porque siento que no añora con ninguna esperanza. Y sentir que no hay anhelos de tiempos compartidos le quita sueños al futuro.

Le quita posibilidades, le quita experiencias y sobretodo quita amor. La traducción más exacta que puede representarse el amor, como es compartir tiempo esta quitado del mapa. Esta distancia libra al destino la incertidumbre de que si esto que se rompió puede (y ojala así sea) reconstruirse, o no.

Supiste siempre que te quiero. Me gustaría que sepas que velé mucho por tu seguridad. Tu seguridad.

Velé por tu bienestar y recé a quién sea que se puede rezar cuando uno es agnóstico para que te guardes presente y eterno.

Ahora, si me preguntas que añoro. Creo que tu felicidad.

Yo sé que vos deseas la mía. Porque sabes que no soy feliz. Y está bien, yo tampoco sé serlo.

No podría exigirte nada entonces.

Pero lo hago igual. Porque en tu felicidad esta la mía también porque puedo escucharte aunque no hables cuanto puede doler lo mismo que siempre me dolió a mí.

No encontramos nuestro meridiano donde coincidamos en ese mismo huso horario.

No podemos encontrarnos en un mismo tiempo, en simultaneo.

No podemos juzgarnos, ¿sabés?. Nunca lo hice, y no quiero hacerlo.

No podría juzgarte por manejar el dolor que sentís y te hicieron sentir -inclusive yo- de esa forma. Pero ojala un día lo hagas distinto. Porque las corazas pesan y vos no te pareces a una tortuga.

Serías mas parecido a un león si me sentiría obligada a definirte. Líder y dominante, a la vigilia de toda la manada. Aunque, para nosotros podrías ser simplemente Gonzalo. Un ser humano.

Creo que eso es. Creo que no podés ser un ser humano. Pero ya lo sos Gon.

No vas a poder huir en la eternidad del dolor. Pero no podes huir porque no se puede huir de lo que se siente o de lo que se sintió.

No creo que haga falta huir tampoco. Quizás podrías darte un lujo, como un pequeño gusto cuando cobrás el aguinaldo. Podrías darte el lujo de hablar. El lujo de abrazar.

Yo sé que de chicos nadie nos contó que no teníamos que tener miedo de ciertas cosas y a veces estábamos más asustados que el promedio de chicos de nuestra de edad, y al final no era grave.

Si querés puedo contarte mi experiencia y así alivió en el mejor de las suerte tu miedo. Quizás ya lo sabes, pero viste que las cosas cambian depende quién te las diga y por esta vez, podés tomar mis palabras como algo más sagrado que de costumbre.

En ciertas ocasiones y con las personas adecuadas elijó ser vulnerable. Elijó liberar mi Talón de Aquiles y descubrir que estoy un poco y a veces mucho rota.

Estoy un poco rota.

Y si me preguntás, lloro bastante. Lloro escribiendo estas líneas. Porque también tengo miedos. Como miedos a que nunca puedas ser receptivo de amor. Porque en el mejor caso que me quieras igual que yo, nunca sé si voy a encontrar tu Talón de Aquiles.

Y yo sé que la historia dice que es para destruirlo. Pero las analogías no son exactas y yo quiero pensar que puedo ponerte un yeso. Si es que eso es clínicamente correcto.

Ahora puedo reírme, ¿entendés?. No se si viste como funciona o a mí cualquier chiste me da gracia.

Solo lo atravesé. Y sé, que pude reír devuelta.

Solo que la próxima vez, quiero hacerlo con vos.

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Freya

Jugando a ser escritora porque no me quiero hacer cargo del titulo